Desde que nacemos, nuestra vida se abre en un abanico de decisiones: ¿debemos obedecer a nuestros padres? ¿Debemos hacer lo que nos apetece? ¿Podemos comer chocolate hasta reventar y dejarle las espinacas al perro? ¿Qué estudiamos, con quién nos relacionamos, a quién ayudamos, con quién nos casamos, qué trabajo conservamos…?
¿Sería distinta nuestra vida si hubiéramos elegido otra cosa? ¿Es verdad que hemos ido eligiendo, o en el fondo no había otra forma de proceder?
Tal vez, si hubiera escogido estudiar otra carrera, o si hubiera decidido seguir estudiando en lugar de trabajar, ahora estaría en otra ciudad con otras personas, otro sueldo y otras aficiones. (más…)
“Tuve el placer de conocerte hace mucho tiempo, pero es curioso ya no te echo de menos…”