Yo era uno de esos niños que a finales de los años 70 llevaba Trenca y Pantalón de Pana, Jersey a rombos de cuello vuelto y ½ litro de colonia Nenuco que generosamente me untaba mi maravillosa abuela, con la mejor de sus intenciones, antes de llevarme al colegio. Estudie ocho años de EGB en un fantástico colegio público del centro de la ciudad. Los días de lluvia me obligaban a colocarme unas horribles y canallescas botas de agua, azules y amarillas, marca “Bomby”, que por el nombre, muy parecido al de una cómica/titiritera de la época, inducían al cachondeo general de la clase hacia mi persona.
No fui un mal estudiante, pero flojo como yo solo. Debido a mi mala letra, totalmente en disonancia con mi cociente intelectual, me chupe todas las “Cartillas caligráficas Rubio” del mundo. Creo que, con todas las que me compraron, le llegue a pagar un chalet en la playa al editor de las mimas. Mi madre recibió una carta en agradecimiento. Pero yo aun continúo con mi mala letra. (más…)